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Autoconsumo

19 de enero de 2026

¿Cliente o inversor? El usuario energético que nadie vio venir

En el sector energético llevamos años hablando de transición, innovación y tecnologías disruptivas, pero lo realmente disruptivo ha sido otra cosa: el cambio de mentalidad del consumidor. Y no ha llegado desde la regulación ni desde las grandes compañías, sino desde el lugar más sencillo y más poderoso: su bolsillo.

En el sector energético llevamos años hablando de transición, innovación y tecnologías disruptivas, pero lo realmente disruptivo ha sido otra cosa: el cambio de mentalidad del consumidor.

Y no ha llegado desde la regulación ni desde las grandes compañías, sino desde el lugar más sencillo y más poderoso: su bolsillo.

Hace apenas cuatro años, la mayoría de usuarios instalaban fotovoltaica sin entender muy bien cómo funcionaba ni qué estaban produciendo. En 2021, solo un 18% sabía cuánta energía generaba diariamente su instalación. Hoy, gracias a apps, IoT, medidores inteligentes y plataformas de monitorización, más del 62% consulta su producción, compara consumos y analiza su curva horaria como si fuera parte de su rutina. Este salto en conocimiento ha cambiado el mercado más que cualquier cambio tecnológico.

Porque el usuario actual ya no pregunta “¿Cuánto me ahorro?”. Pregunta: “¿Cuándo recupero la inversión? ¿Cómo controlo mi energía? ¿Qué pasa si hay un apagón? ¿Dónde están mis excedentes? ¿Cuánto consume mi coche eléctrico?”

Este nuevo comportamiento ha obligado a las empresas del sector a reinventarse. Fabricantes ajustan hardware y firmware. Comercializadoras diseñan tarifas más inteligentes. Ingenierías reevalúan dimensionamientos. Instaladoras priorizan la monitorización, el balanceo y el almacenamiento.

Los datos lo confirman: según el Global Energy Study 2025, el 63% de las nuevas inversiones energéticas ya no se hacen por obligación regulatoria, sino por retorno económico directo. Y ese cambio de motivación explica por qué el almacenamiento ha crecido un 45%, la digitalización un 28%, las renovables avanzadas un 32% y la modernización de red un 19% solo en el último año. El dinero está siguiendo al rendimiento, no a la moda.

Incluso fenómenos no previstos como el apagón reciente han acelerado este cambio. Un sistema de backup, que hasta hace poco era un extra opcional de unos 500 €, ahora se pide casi por defecto. El usuario quiere autonomía y resiliencia, no depender únicamente de la red. La bajada del valor en horas solares también ha empujado a muchos a invertir en baterías, no para producir más, sino para controlar mejor lo que ya producen.

Es precisamente este deseo de control lo que conecta con las tendencias que dominarán los próximos meses: hidrógeno verde, micro-redes, IA energética, IoT avanzado o movilidad eléctrica bidireccional. Tecnologías distintas, pero con un mismo propósito: dar más poder al usuario y más margen de eficiencia a las empresas.

Porque, aunque siempre hemos dicho que el sector energético “no interesa”, la realidad es que 2025 ha demostrado lo contrario: la gente sí se interesa, siempre que la energía tenga un impacto directo en su economía y en su autonomía. Y ahora que ese interés existe, el sector no volverá a ser el mismo.

La pregunta ya no es qué tecnología es más avanzada, sino cuál será la que mejor responda a este nuevo consumidor que exige datos, control y retorno real. ¿Será el almacenamiento? ¿La IA? ¿Las micro-redes? ¿El hidrógeno? O quizá como está pasando este año sea el propio usuario el que siga marcando el ritmo.

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